viernes, 5 de febrero de 2010

¿Es viable la identidad mapuche?


RELATOS DE LA MEMORIA DE UN PUEBLO AMENAZADO
Etnografía en memoria compartida de mapuches pewenches de Alto Bío Bío
TANIA SOLAR LÓPEZ

* Artículo basado en la Tesis «Etnografía en memoria colectiva de miembros de la comunidad mapuche pehuenche del Alto Bío Bío», presentada en la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso.
** Egresada Escuela de Psicología Universidad de Valparaíso.

I. INTRODUCCIÓN
LA INVESTIGACIÓN EN CURSO propone como objetivo central indagar y describir las opiniones,emociones, relatos y haceres de miembros de la comunidad mapuche pewenche del Alto Bío Bío, como
contenidos de la memoria colectiva, que emergen en torno a la política modernizadora impulsada por el Estado chileno y corporizada en la materialización de un megaproyecto hidroeléctrico en el Alto Bío Bío,en tierras donde habitan ancestralmente siete comunidades mapuche pewenche. El megaproyecto contempla la construcción de siete represas, de propiedad de Pangue S.A., filial de ENDESA.
El estudio de la memoria se aborda desde los aportes teóricos de la psicología social,desarrollados principalmente por Middleton y Edwards, quienes conceptualizan la memoria como un proceso dinámico que se construye en los espacios cotidianos en que se despliega la vida social.
El camino para acceder a los significados culturales de la memoria compartida por las personas en las comunidades del Alto Bío Bío, se ha orientado por la utilización del método etnográfico y dos técnicas concretadoras: observación participante y entrevista en profundidad.
La etnografía es considerada una herramienta privilegiada para la aprehensión de significados culturales, a través de la convivencia con la gente por un determinado período de tiempo, que en esta
investigación ha sido de aproximadamente cuatro meses.
La observación participante consiste en un proceso de inserción dentro de una comunidad o grupo determinado, con el fin de observar y participar en la vida de las personas, llevando un registro
sistemático, en un cuaderno de campo, de aquella información que contribuya a la comprensión del fenómeno que se estudia. La entrevista en profundidad, permite ahondar en temas y significados
culturales que aporten a la investigación a través del diálogo cara a cara.
El trabajo concluye con la salida del campo y el regreso a la propia cultura de la investigadora,para emprender la interpretación y comunicación de la información contenida en los registros a la luz de la teoría de la memoria compartida y de las experiencias vividas en terreno.
II. EL PUEBLO MAPUHE PEWENCHE DEL ALTO BÍO BÍO
Los mapuches pewenche habitan la octava región, Provincia del Bío Bío, comuna de Santa Bárbara, en el sector denominado Alto Bío Bío. Son población aborigen cuya etnia reconocida legalmente
es la mapuche, quienes reciben la denominación de pewenche por vivir y desarrollar su cultura ancestral en los lugares de la cordillera y precordillera andina donde se da el clima y suelo apropiados para el crecimiento de bosques de Araucarias o pewenes, cuyo fruto denominado piñon o nguíu ha constituido la base de su dieta alimenticia. Lo anterior, dio origen a que los mapuches habitantes de otras geografías,especialmente de tierras planas, para referirse a los que vivían de la recolección del piñón, los
denominaran pewenche o gente (che) del pewen o Araucaria (Salas, 1992; Aldunate, 1996 en Hidalgo y Schiappacasse, 1996).
Actualmente los pewenche del Alto Bío Bío se agrupan en siete comunidades que se dispersan a través del territorio: Callaqui, Quepuca Ralco y Ralco Lepoy, por el cajón del río Bío Bío; Pitril, Malla Malla y Trapa Trapa, por el cajón del río Queuco. La cifra de comuneros bordea los cinco mil,distribuidos en más de setecientas familias (Molina y Correa, 1996).

Estas comunidades están consideradas dentro de los grupos de extrema pobreza, en una región donde más del noventa por ciento de sus habitantes se encuentra en situación de pobreza (Jara, 1993).
Las comunidades practican una economía de subsistencia basada en la crianza de ganado y aves de corral. Además de realizar actividades de cultivo diverso, conservan las tradiciones milenarias de
recolectar el piñón o nguíu, fabricar carbón con leña, sus principales combustibles y realizar tejidos(Molina y Correa, 1996).
1. El hábitat
Desde la perspectiva ecológica, el Alto Bío Bío constituye un ecotono, esto es, un lugar donde confluyen dos ecosistemas (mediterráneo por el norte y bosque valdiviano por el sur), caracterizado por una rica diversidad biológica y vegetal, valorada como única en el país y en el mundo (Bragg, 1991).
La cuenca del Alto Bío Bío constituye el hábitat de variadas especies, muchas escasas o en vía de extinción. Especies acuáticas y terrestres conviven en un ambiente donde se conjuga la influencia del río Bío Bío y sus afluentes, las montañas, sus faldeos y valles (Bragg, 1991).El clima del inapiremapu, o tierra cercana a las nieves, de acuerdo a la designación en lengua mapuche de esta zona biogeográfica, se caracteriza por un invierno lluvioso y sequía en verano. Este clima ha sido propicio para el desarrollo de grandes bosques de Araucaria (Araucaria Araucana), conífera que crece sobre los 900 metros sobre el nivel del mar, que recibe el nombre vernáculo de pewen, y de otros bosques endémicos donde predominan especies diversas (Aldunate, 1996).
2. Algunos aspectos de la cultura mapuche pewenche
Los pewenches han desarrollado su cultura agrupándose en dos espacios económicos de transhumancia: la invernada y la veranda. La invernada se encuentra en las partes bajas y abrigadas situadas en los fondos de valles que aseguran la sobrevivencia en los meses fríos; la veranada la constituyen terrazas de altura que aseguran el pasto para el ganado y donde se encuentran los pewenentos
o bosques de Araucarias. La transhumancia estacional, asociada al régimen climático anual dependiente de la presencia o ausencia de nieve, es un reflejo del antiguo nomadismo pewenche, que vivía de la caza y la recolección, agregándose la actividad ganadera y agrícola (Valenzuela, 1994; Molina y Correa, 1996).
La invernada es un espacio económico y el lugar donde se encuentra la vivienda, los corrales, las praderas y parte del bosque nativo, la familia permanece en la veranada durante los meses de mayo a
diciembre. En primavera, cuando las nieves comienzan a disminuir en la veranada o alta montaña, un nuevo ciclo comienza. La familia o parte de ella, inicia el ascenso a la veranada, llevando sus animales a los pastos nuevos y realizando la segunda cosecha del piñón que la nieve, el viento y la lluvia terminaron de arrojar y sepultar bajo las pinalerías de pewén. La primera cosecha de piñón es a partir de marzo hasta el mes de mayo, aproximadamente (Aldunate, 1996).
El consumo del piñón ha sido ancestralmente la base de la dieta alimenticia del pueblo mapuche pewenche. El fruto del Pewén es rico en almidón y se consume de diversas formas, utilizándose en la
preparación de variados tipos de harina, de pan y bebidas (Aldunate, 1996).
Los mapuches de hoy, en su gran mayoría, hablan el castellano, limitando el uso del mapudungún al contexto de la vida familiar y comunal. El monolingüismo es excepcional, siendo más común el
bilingüismo castellano-mapudungún, que se ha desarrollado en una situación caracterizada por la dominancia de la sociedad hispánica. El aprendizaje del castellano generalmente ha sido un proceso
forzoso, ya que de no aprenderse, el mapuche queda sumido en un mundo absolutamente aislado,principalmente porque en nuestra sociedad no se han abierto los espacios para grupos socioculturalmente
diferenciados (Salas, 1992).
Para referirse a la cosmovisión del pueblo mapuche, es necesario hacer especificaciones idiosincrásicas de las comunidades concretas donde se representa la mitología y las creencias que se
expresan a través de la práctica del rito (Foerster y Gundermann, 1996).

Los estudios dan cuenta de una cultura rica y dinámica, imposibilitando una abstracción acertada que refleje uniformidad. En el marco de procesos históricos mediados por la persecución, exterminio,reducción y asimilación, toda la cultura se ha visto perturbada, definiendo su identidad en función de esos
acontecimientos. Es así, que cada comunidad ha incorporado nuevos significados relacionados con la geografía específica que habita, determinada por el grado de influencia que recibe de la cultura dominante(Foerster y Gundermann, 1996).
En general, se afirma que para la cultura mapuche lo sagrado es sinónimo de poder, mientras lo profano simboliza la carencia, el conflicto entre el bien y el mal. Es a través del rito que se establece el contacto con lo sagrado, no sólo en el rito comunitario, sino también en instancias individuales, como los
sueños (peumas) o las visiones (perimontún) (Foerster y Gundermann, 1996).

a) Antecedentes generales de las hidroeléctricas
en el Alto Bío Bío y sus impactos

Desde el año 1950 datan los estudios sobre la potencialidad hidroeléctrica del río Bío Bío, los que se concretan en un megaproyecto hidroeléctrico que contempla la construcción de seis represas que inundarían 26 mil hectáreas de territorio habitado, desde tiempos inmemoriales, por comuneros mapuche pewenche.
El proyecto ha comenzado ha generar diversos impactos sobre el ecosistema y hábitat de las comunidades con el funcionamiento de Pangue, la primera represa, operando desde marzo de 1997. La
eventualidad de Ralco, proyectada para funcionar desde el año 2002, la segunda represa, ha generado reacciones diversas de oposición desatando un conflicto de orden ambiental y social, transformando la
cuestión indígena en objeto de debate público.
La Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), un organismo creado por la Ley Indígena (Nº19.253), es la organización encargada de «promover, coordinar y ejecutar la acción del
Estado en favor del desarrollo integral de las personas y comunidades indígenas, especialmente en lo económico, social y cultural y de impulsar su participación en la vida nacional» (p. 24); y la única instancia legal que, en su rol de velar por la integridad cultural de las comunidades indígenas que coexisten en nuestro territorio, debe intervenir dando su aprobación o rechazo al proyecto económico que altera irreversiblemente la disposición territorial y por lo tanto la cultura de la comunidad, ya que obliga a reubicar alrededor de 90 familias, 400 habitantes de las comunidades de Quepuca Ralco y Ralco Lepoy.
b) Fundamentos a favor del proyecto Ralco
El gobierno chileno ha respaldado el proyecto argumentando que represar las aguas del Bío Bío es una estrategia clave para responder a las demandas energéticas de un Chile que transita hacia el desarrollo. La energía generada por los proyectos abastecería principalmente las ciudades de Valparaíso y Santiago, contemplándose la venta de electricidad a Argentina (Jaña, 1995).
El Presidente de la República, Eduardo Frei, sintetizó en una frase su apoyo a las represas de Alto Bío Bío en un discurso que pronunciara en la ceremonia de inauguración de la represa Pangue el día 6 de marzo de 1996, diciendo: «Chile nunca debe renunciar al desarrollo de proyectos hidroeléctricos por razones estratégicas...» (Escobar, 1998:4).
La Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), en el año 1996 rechazó el primer estudio de impacto ambiental presentado por ENDESA para el proyecto Ralco, por considerar que adolecía de
graves deficiencias, solicitando a la empresa un nuevo estudio con un apéndice, addendun, donde se debería dar solución a las debilidades del primer estudio de impacto ambiental: atendiendo la formalidad, el día 9 de junio del año 1997 CONAMA aprueba con condiciones el nuevo informe, solicitando correcciones al segundo addendun (Escobar, 1998:2).
Dentro de los argumentos esgrimidos por el gobierno, el plan de mitigación de impactos presentado por ENDESA se ajusta al programa de superación de la pobreza en que se encuentran sumidas

las comunidades del Alto Bío Bío.
c) Fundamentos en contra del proyecto Ralco
Probablemente la construcción de una represa, sea una de las obras de ingeniería que produce los impactos ambientales de mayor envergadura con un importante efecto social (Zunino y Riveros, 1992).
Especialmente preocupantes resultan los inmensurables costos intangibles que experimenta la población desplazada de la zona de inundación cuando se trata de minorías étnicas (Nelson, 1991).
Experiencias de relocalizaciones en otras partes del mundo, por ejemplo la construcción de la Presa de Oro, de veintiséis mil hectáreas, operando desde 1989, en Oaxaca, México, que afectó a
comunidades indígenas, dan cuenta del deterioro en la calidad de vida de la población reasentada,empobrecimiento y falta de oportunidades para una integración efectiva, imposibilidad de reproducir o darle continuidad a la cultura en el nuevo entorno; todas consecuencias nocivas que desencadenan un violento proceso de aculturización forzada culminando en el etnocidio o la muerte de la cultura, por la pérdida del código de base sobre el cual se estructura y le da especificidad a un grupo étnico, es decir, el
territorio (Barabas y Bartolomé, 1991).
Lo que resulta más traumático para las personas relocalizadas, es la pérdida definitiva de la trama de relaciones históricas, ecológicas, simbólicas y emotivas construida a través de milenios de interacción con un ambiente que constituía el escenario étnico, su territorio; condenando al confinamiento el fundamento ancestral de las identidades de los pueblos que viven en estrecha relación con la tierra(Barabas y Bartolomé, 1991).
Los fracasos en relocalizaciones forzadas de grupos indígenas se han atribuido principalmente ala ineficacia en la planificación institucional, donde la participación de los afectados es nula o escasa(Barabas y Bartolomé, 1991).
Las experiencias han llevado a que en el seno de las Naciones Unidas se haya creado un proyectosobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que en uno de sus artículos estipula lo siguiente:
Los pueblos indígenas no deben ser forzados a abandonar sus tierras o territorios. Ninguna relocalización debe tener lugar sin el CONSENTIMIENTO LIBRE de los pueblos concernidos y después de acordar compensaciones justas y equitativas y, si es posible, con opción de retorno (Federación Internacional de las Ligas de Derechos Humanos, 1998:21).
3) El caso Ralco
Organizaciones indígenas y ambientalistas han manifestado su abierto rechazo a la materialización del proyecto Ralco que convertiría el río Bío Bío en un lago artificial, inundando 3.467
hectáreas, ocho veces más grande que el lago Pangue.
a) Impactos sociales
Resalta el etnocentrismo que ha caracterizado los fundamentos para intervenir la territorialidad del pueblo mapuche pewenche. Los índices de pobreza detectados se basan en criterios poblacionales
tipo, sin considerar la especificidad cultural y étnica de las familias. Este aspecto ha sido una crítica constante, de parte de los grupos opositores, hacia la postura de ENDESA y del gobierno, para relativizar y cuestionar el discurso modernizador.
Dentro de los impactos directos sobre las comunidades indígenas en el Alto Bío Bío se mencionan:
— Empobrecimiento de las comunidades producto de la pérdida de terrenos de recolección,lo que les obligaría a perpetuar un círculo de sobre explotación de la tierra, provocando erosión, disminuyendo la capacidad productiva (Valenzuela, 1997).
— Uno de los impactos más evidentes de la represa Ralco sería la desaparición del pueblo pewenche, al socavar los soportes culturales, estructuras sociales y económicas
tradicionales por la ocupación del escenario ancestral; pérdidas de terrenos productivos,como predios agrícolas y espacios de expresión de la comunidad ritual como canchas de nguillatún y la desaparición bajo el agua de diecinueve cementerios.
— Disolución cultural del pueblo mapuche pewenche intensificada por la necesidad de adaptarse a un sistema económico nuevo, en un medio ambiente con un clima más adverso. El cambio alteraría radicalmente los ritmos y dinámicas cotidianas de relación familiar y comunitaria. Abandono de costumbres y prácticas agrarias ancestrales, cuyas virtudes están ampliamente demostradas (FIDH, 1998).
Una misión de investigación internacional de Derechos Humanos (1998) vislumbra los efectos de una relocalización en las comunidades mapuche pewenche de Alto Bío Bío, como un «terremoto social y cultural», evaluando los planes de mitigación diseñados por ENDESA como incongruentes comparados con la magnitud del daño (FIDH, 1998).
b) Impactos en el medio natural
El impacto ambiental se refiere a la destrucción de un ecosistema considerado único en el mundo por su rica biodiversidad asociada al río Bío Bío y su cauce.
Dentro de los impactos irreversibles más destacados que produciría la represa Ralco en el medio ambiente natural se han descrito los siguientes:
— La alteración del flujo natural del río Bío Bío producirá un acumulativo efecto de empeoramiento en la calidad de las aguas, impactando negativamente sobre la actividad biológica micro y macro, amenazando 6 especies endémicas de peces que no se
adaptarían a las nuevas condiciones.
— Daño a la biota en la ribera del río, alterando la situación climática de la cuenca y como consecuencia se señala: 192 especies de flora con problemas de conservación, 86 especies
de ave, 24 mamíferos, 9 anfibios y 8 reptiles que se extinguirían paulatinamente.
— Pangue, aguas abajo, retendría el 87 por ciento de residuos sólidos en suspensión arrastrados por el río, los que constituyen el principal aporte nutritivo al Golfo de Arauco, una de las zonas pesqueras más importantes de Chile (GABB, 1992).
— Otro aspecto, poco estudiado, es la existencia de cinco volcanes en la zona, tres activos, uno a 10 kilómetros de la represa Pangue, y la permanente actividad sísmica propia de una zona volcánica, constituyen una amenaza real, con consecuencias catastróficas
impredecibles, en caso de erupción, incrementadas por la presencia de una presa (GABB,
1992).
III. MEMORIA COLECTIVA
1. Fundamentos teóricos
El soporte conceptual de la investigación se fundamenta principalmente en los trabajos realizados
por David Middleton y Derek Edwads (1992) en el campo de la psicología social, quienes conceptualizan la memoria como un proceso sociocultural de naturaleza constructiva y dinámica. De acuerdo a esta perspectiva, los contenidos de la memoria son portadores y constructores de significados culturales que se
transmiten en el despliegue cotidiano de la vida en comunidad, con todas sus formas de comunicació (Cole, en Middleton y Edwads, 1992).
La perspectiva de la memoria colectiva enfatiza el vínculo entre lo que las personas realizan o hacen, en tanto individuos, y su propia herencia sociocultural (Middleton y Edwards, 1992). Estos autores
han estudiado los procesos del recuerdo y el olvido humanos ampliando la tradicional perspectiva por parte de la psicología de la memoria que, en general, se ha limitado a definirla como un proceso de carácter principalmente individual, de almacenamiento y recuperación de información, haciendo referencias contextuales, culturales o sociales, indirectas, predominando una línea experimental en el estudio de la memoria.
Desde la perspectiva de la memoria colectiva, lo importante no es la coherencia entre lo que las personas reportan como recuerdos y lo que efectivamente puede verificarse como «lo ocurrido», sino que
sitúa el interés en comprender por qué los actores construyen sus recuerdos en una cierta forma en determinado momento. Esta relatividad en la construcción de los recuerdos puede ayudar a develar la relación profunda entre lo que se recuerda y las circunstancias históricas que determinan esos recuerdos.
James Wertsch, señala que los recuerdos no deben ser abordados como simples ventanas a representaciones cognitivas, sino que deben ser estudiadas en su contexto social y conversacional
(Wertsch, 1987 en Middleton y Edwads, 1992), siendo, dentro de otros signos culturales, el lenguaje un mediador de la actividad social que permite la construcción sociohistórica de la mente (Middleton y Edwards, 1992).
Al estudiar el recuerdo conversacional resulta evidente la vinculación intrínseca entre la significación y el contexto del recuerdo, como elementos inherentes al proceso de construcción de la
memoria, y no tan sólo como elementos o variables intervinientes externas que alterarían una supuesta exactitud de los recuerdos. Abordar el recuerdo conversacional, resulta ser una posibilidad para
entenderlo como acción social organizada, en tanto que las versiones del pasado sirven para fundamentar y dar sentido a la acción tanto presente como futura (Middleton y Edwards).
Los recuerdos estarían mediatizados por las ideas, opiniones y emociones que las personas sostienen con relación a las circunstancias por las que atraviesan como sujetos sociales (Middleton y Edwards, 1992). En este sentido, lo que estén viviendo las personas de las comunidades mapuche pewenche en Alto Bío Bío, y la interpretación que hagan de dichos sucesos, influirá en la forma que (re)construyan su memoria, en la manera en cómo organizan sus recuerdos y olvidos en el lenguaje y su imaginación.
Desde la perspectiva de la memoria compartida, la forma en que organizan discursivamente sus recuerdos los miembros de la comunidad mapuche pewenche, nos informa acerca de la mirada que se
están dando a sí mismos y de la proyección futura de su propia identidad. Aproximarse a dichas interpretaciones es acceder a parte de su realidad, ya que en el mundo de lo psicocolectivo, lo que está en la imaginación de las personas es lo real (Blondel, 1928, citado por Fernández, 1994:5).
Se considera el lenguaje como una de las rutas más directas para acceder a la memoria de la gente y a las formas de pensar colectivo, ya que cada palabra produce evocaciones y re-produce una historia,una metáfora, varios referentes contextuales, que en ese instante pueden ser re-encontrados y re-vividos y, por lo tanto, re-actualizados (Fernández, 1994). «Toda comunidad tiene su memoria» dice José Bengoa, y está compuesta de los relatos que se han ido contando las personas en la cotidianeidad de la vida en
comunidad (Bengoa, 1996:99).
La memoria social, compartida o colectiva, marcaría la continuidad de la comunidad, permitiendo la perpetuación de ésta y su identidad. La identidad de una comunidad tiene como componente central la memoria, los recuerdos y luchas redefinidas de acuerdo a los valores comúnmente aceptados (Bengoa,1996).
Para Raúl Molina, «la memoria histórica del pueblo mapuche está indisolublemente ligada a sus derechos como pueblo, siendo los territoriales una de las principales motivaciones para existir, resistir y permanecer» (Molina, 1998:5).
La identidad étnica, ese sentimiento de pertenencia a un determinado grupo, social o cultural, que surge ligado a un territorio común, con un pasado compartido, con su propia lengua, religión y costumbres, se expresa y re-produce en el contexto de la vida cotidiana, en el recuerdo verbalizado, en la
memoria de la gente. Es así que los recuerdos devuelven una imagen de la identidad de un pueblo en un momento determinado y son un camino para comprenderla (Montero, 1995; De la Cruz, 1996).2.

Relevancia del estudio
La relevancia académica del estudio está fuertemente justificada por la importancia de «volver la vista sobre las culturas indígenas... para recuperar el concepto humano de cultura» (Bengoa, 1996:130) y la necesidad de crear un espacio donde tenga cabida la interetnicidad que caracteriza al pueblo chileno.
Espacio que se crea al iniciar esfuerzos por conocer y comprender la realidad indígena. En esta línea, José Bengoa resalta el rol que debiera asumir la universidad como instancia de «comprensión, diálogo y conocimiento mutuo... entre la sociedad chilena en proceso de modernización y la sociedad indígena...»
(Bengoa, 1997:17).
El gobierno chileno, como ocurre en prácticamente toda América Latina, no ha considerado consultar a su pueblo en general, ni menos al pueblo mapuche, respecto de medidas que amenazan la
existencia de un patrimonio de toda la humanidad. Este estilo sigue perpetuando un patrón de relación desigual entre el pueblo indígena y el gobierno (González y Roitman, 1996; Stavenhagen, 1997), lo que
resulta incongruente a la luz de discursos reivindicativos en el marco de acuerdos nacionales e internacionales que definen una nueva relación. Para revertir esta historia el desafío de incorporar la vertiente étnica, a través de vías directas de participación, se convierte en un deber prioritario e ineludible
en la construcción de una democracia donde tengan voz y representación todos los actores y sujetos
sociales de los países latinoamericanos (Villapalos, 1996).
El estudio de la memoria compartida tiene una dimensión ética que se considera oportuno mencionar, y que se refiere a lo señalado por la cientista social francesa Denise Jodelet, en una ponencia
sobre «Memoria e identidades sociales» (1998) acerca del «nuevo deber» que deben asumir los profesionales científicos, en el sentido de priorizar perspectivas en el estudio de la memoria que tiendan a la liberación y no a la opresión de los pueblos, recogiendo el pasado para contribuir a la construcción del
presente y futuro de las personas. Ella también nos advierte que la manipulación de la memoria puede influir sobre la adaptación o resistencia a cambios sociales impuestos o deseados y, por lo tanto, incidir sobre la integridad de identidades individuales o colectivas (1998).
Generar una comprensión acerca de cómo se están pensando a sí mismas las personas mapuche pewenche que serán afectadas por un proyecto de la envergadura de una represa, puede resultar un
ejercicio interesante desde el prisma científico, pero sobre todo pretende ser una propuesta para abrir el diálogo en el tema, y darnos una mirada crítica respecto al camino que estamos transitando en tanto jóvenes en el ejercicio profesional, o como investigadores, con un rol pendiente que definir en estas
historias, de las que podemos ser perpetuadores, testigos silenciosos o, en el sentido de Denise Jodelet,
seres activos en la tarea de democratizar las identidades de nuestra América.
IV. CONCLUSIONES PRELIMINARES
Dado que la investigación se encuentra en la etapa final de organización e interpretación de la información producida durante el terreno, los resultados que se exponen son un ensayo de aproximación a una lectura consecuente con el método y la teoría que fundamentan el estudio.
1. La experiencia de campo
En lo referente al proceso de producción de la información durante el trabajo de campo, no hubo inconvenientes para ingresar a la comunidad, aunque una vez en ella la movilidad se dificultaba por la
tensión creciente que se vive en las comunidades de Quepuca Ralco y, en forma más crítica, Ralco Lepoy,ambas afectadas directamente por las obras de construcción de la represa Ralco, y donde la presencia de ENDESA se advierte en el despliegue de maquinaria pesada por el camino vecinal y camionetas de la
empresa BESALCO, contratista de ENDESA para la construcción del camino de acceso a la represa y a Barco, lugar donde se construyen las casas a las que podrían optar las familias que soliciten la permuta de sus tierras, en caso que el proyecto se lleve a cabo.
El contacto para llegar a las comunidades del Alto Bío Bío fue el resultado de un largo proceso de aproximación, facilitado por el hecho de conocer la geografía del lugar, por haber vivido gran parte de la infancia en el poblado más cercano a las comunidades; mantener vínculos con personas conocedoras de la comunidad, realizar visitas antes de ingresar. Todo lo anterior complementado con un interés permanente por atender y rastrear cualquier información proveniente del Alto Bío Bío.
La investigadora permaneció cuatro meses viviendo en Alto Bío Bío, la mayor parte del tiempo en la casa de una mujer pewenche, Nicolaza Quintremán, de la comunidad de Ralco Lepoy, quien se ha
convertido para los grupos opositores al proyecto hidroeléctrico, tanto Gente de la Tierra, como de grupos ecologistas, en el símbolo de la resistencia a la construcción de la represa Ralco.
Una vez en la comunidad, el rol de investigadora se fusiona con la persona que vive y se involucra en la vida de otros que abren su vida en largos relatos, en gestos como compartir una tortilla al
ritmo de infinitos mates cebados con esa calma que da esa vida de montañas, sin presiones, sin prisas.
Insertarse en los ritmos de la comunidad resultó en una vida totalmente nueva y atractiva a la vez,en el sentido que todo se dio para que resultara una experiencia muy grata, al punto que a poco de
ingresar en el campo, personas de la comunidad ofrecían generosamente sus espacios para invitar a compartir sus cocinas, el espacio principal donde se despliega la vida social de la familia. Fue allí donde largas conversaciones, alrededor del fuego, iban revelando historias acerca de la vida, los sentimientos,
las creencias, los deseos y sueños de la Gente de la Tierra.
Los días se llenaron de deberes y asombros cotidianos: recolectar leña, acarrear agua desde la vertiente, cocinar, lavar la ropa, limpiar la casa, después vino la recolección de Rosa Mosqueta, tres
semanas de trabajo recogiendo esa fruta desde el arbusto espinudo, acompañando a la ñaña (hermana) Nicolaza e iniciando una relación rica y profunda con ella y otras personas de las comunidades.
El mapudungún (lengua de la tierra) o chedungun (lengua de la gente), se habla mayoritariamente en la comunidad y se habla en el seno de la familia, aunque hayan visitas.
Cuidar los dos niños de Aurelia Marihuan, mientras ella visitaba la veranada por una emergencia,fue la segunda aproximación a otra familia, un matrimonio joven de Ralco Lepoy Bajo, Reynaldo, como
la mayoría de los hombres, es empleado de ENDESA en las obras de construcción del camino, es uno de los pocos, junto a ocho familias, que no quiere la represa y lo expresa abiertamente junto a su esposa.La experiencia de ser invitada a las ceremonias de la comunidad, tres nguillatunes de comunidades vecinas, daba cuenta de sutiles diferencias en la forma de ejecutar el rito, reflejos de la
forma en que varían las costumbres de una comunidad a otra, distintas formas de ser pewenche, «otro modo» como dice la gente allá.
Ocho horas de conversación grabada son el resultado de la estadía en el campo; testimonios del pasado, opiniones acerca de la situación en el Alto Bío Bío en relación a las hidroeléctricas, expectativas,preocupaciones, significados de los rituales, el sentido de la vida, lo sagrado y lo profano, la importancia
de la tierra, son los principales temas abordados y constituirán la principal fuente de análisis desde la perspectiva de la memoria, complementada con comentarios basados en la observación y participación.
Una vez en el campo, la investigadora debió definir una postura clara en relación al conflicto, lo que implicó tomar partido en la situación y dirigir las acciones en determinada dirección, sobre todo porque el rol que se desempeñó en el escenario fue de participación activa y no sólo de observación distante e imperturbable. Lo anterior implica asumir el sesgo metodológico de involucración con una parte de la realidad, pero el costo de no haber definido una postura clara hubiese supuesto renunciar a
relaciones profundas, las que permitieron acceder a espacios cotidianos.
2. Algunos testimonios que construyen
la memoria de la Gente de la Tierra
Hablando del pasado, las personas trazan un eje temporal entre la vida y los hechos antes y después de la llegada de ENDESA. La alusión al conflicto que viven las comunidades atraviesa las
interpretaciones y evocaciones del tiempo pasado, las menciones al presente y futuro. Lo anterior revela el vínculo entre lo que se recuerda y lo que sucede en el presente de la vida de las personas.
El futuro como una incertidumbre hace volver la mirada hacia el pasado, especialmente en las conversaciones con los adultos. Para los jóvenes la palabra de los antiguos les muestra un mundo
amenazado, pero del que hay que rescatar algunas cosas, no todo. Los nuevos tiempos para la juventud,les enfrenta al mundo para el que no se sienten preparados y del que tienen mucho que aprender. Afuerales espera el rechazo o el subempleo, para surgir como un mapuche, hay que demostrar más capacidades,estudiar y trabajar duro, hacerse respetar, porque en sí el mapuche no es respetado afuera de su comunidad, tal como lo expresa una mujer de la comunidad de Callaqui:
...tienen que ser un profesional pa vivir en el pueblo, tiene que tener un trabajo bueno pa poder vivir en el pueblo, un
mapuche, un mapuche sin saber nada, no puede vivir en el pueblo, porque no es capaz, tiene que saber algo, profesión,
más que sea carpintero, aquí en Callaqui, nadien puede ir a vivir en el pueblo, porque... algunos no saben leer, aquí en
Callaqui la mayoría son analfabetos. (Ana Treca)
Todas las conversaciones (Nicolaza, 60 años, Julia de 65, Hilda de 20 años, Ana de 40, Segundo,de 20, Juan, de 44 años) dan cuenta de un sentido de pertenencia a una grupo específico, diferenciándose
de la cultura mayoritaria:Porque si tú vas a estudiar allá afuera, a donde vayas tú, la universidad, o a un liceo... te hacen burla... a veces las materias de historia cuando hablan de los, cuando llegaron los españoles a Chile, y como que tú recibís como un
rechazo de los demás, porque tú sos, sos la sangre original, como que tienden a dejarte a un lado ... a mí me tocó vivir
eso, cuando llegué recién al liceo me tocó vivir esa situación... (Hilda)
...raíces que tenemos nosotros, porque con la tierra se pasa el tiempo... si tiene tanto que sembrar uno... (Señora
Nicolaza)
Don Juan, hablando un castellano «antiguo» generalmente se expresa primero en mapudungún y después traduce al castellano, sus relatos de otros tiempos se confunden con sueños y visiones, con
palabras dichas por sus antepasados. A menudo el pasado lo expresa en tiempo presente, como si lo que recuerda estuviera sucediendo frente a sus ojos otra vez, aquí y ahora.
Entonces ahora voy a reiterar a los castellanos y a las castellanas... muy buenos días hermano, todo lo hermano y todo lo
hermana que están alrededor de Chile, y entonces yo los saludo atentamente, pero respetao, pero yo quiero que me escuchen a mi razón... nosotros somos mapuche pewenche, hermano y hermana, entonces por eso mando a todo, sea como sea, sea castellano y castellana, que me oigan, pero de mi favor, que me favoreen a too mi hermano y a toa mi hermana, y a too lo que hay alrededor de Chile, y que me defiendan por favor... (Don Juan)
Se lamentan de la situación de las comunidades, recordando con nostalgia un pasado de unión:
...antes, antes, porque no había ningún molesto de estos, esto ENDESA, por eso la gente se preocupaba por, por buscar la
propia merienda, íban todos con la familia, entonces, hombres, mujeres, hijas, niñas, todos recogen, van a piñonear, a
cosechar allá... (Nicolaza)
...y ahora no piensan en trabajar la gente, reciben la plata y empiezan a tomar, yo quería que se acabara la empresa, ni
trabaja la gente por causa de la empresa... no trabajan na en la casa, y cuando le dan la bajá, más que vienen a tomar
nomás... (Julia)
Siento mucho, muy malo con eso que están haciendo, dando lado a estos demás mapuches, quién sabe qué pensarán
digo yo, y antes se veían como mapuches, pero ahora no, se volvieron... (Nicolaza)
...no valorizamos lo que éramo ante, y si vamo así, nosotros vamos a perder mucho, incluso hasta que perdamo hasta la
tierra, si no ayudamo uno a otros... (Ana Treca)
La mirada hacia el presente dividido de las comunidades se manifiesta como una queja constante
y dolorosa en las conversaciones y les enfrenta a un futuro confuso:
Cómo irán a vivir los otros, los que están creciendo, a eso me voy yo, los otros chicos que están creciendo... mal pa los
pewenche de por aquí y si no, si no hay ningún reconocimiento más, respeto nuestro... (Ana Treca)
Ahora estamos en la pelea del río, qué más los quedará después, la tierra... la pelea pa que nosotro nos vayamos... no ve
que too el intere primero pasó por el oro, se llevaron too, despue vino con la madera y ahora queda puh... [suspira] (Ana
Treca)
...los mapuche que somo, no vamos a tener nunca una tranquilidad, nunca hay la verda, tenemos puro falso, por eso a
veces da no sé qué, muchos dicen que mejor no sigamos ni una cosa, quedemos así nomá como estamos... (Ana Treca)
Y su postura de resistencia se fundamenta en la religiosidad:
Por eso es que yo pienso siempre, nunca voy a dejar de pensar en eso, porque esa es mi madre, el pewén, la tierra,porque así dejó pchachaw, pa que nosotros, que estemos así pa toa la vida, con toda confianza... (Nicolaza)
Sentirse mapuche pewenche es lo que traza una distinción identitaria que hace que hagan
referencia a lo que está fuera de la comunidad como un mundo extraño, del que no se sienten parte. Los
«chilenos o gringos» caen en la misma categoría de extranjeros que viven en el «pueblo».
Frecuente son las alusiones a la tierra que han perdido, asociando esa situación al empobrecimiento de las comunidades o un castigo divino por dejarse influenciar por los winkas(extranjeros) usurpadores.
Algunos están esperanzados en el cumplimiento de las promesas que las autoridades les han hecho desde que las comunidades fueran declaradas, por la CONADI, Área de Desarrollo Indígena, que
implicaría la ejecución de diversos proyectos productivos. Otros, ven con escepticismo tanta promesa,porque todavía no ven los frutos.
Los relatos de jóvenes, reflejan que se sienten con la responsabilidad de mejorar la vida en las comunidades, muchos han experimentado trabajando en las ciudades y han vivido en carne propia la discriminación. Quieren vivir mejor sin dejar de ser pewenches, perciben muchas necesidades en las comunidades y, en ese sentido, piensan que las represas les ha dado la oportunidad de salir del anonimato,llamar la atención respecto al aislamiento y abandono en que se encuentran. Creen que deben aprovechar
este momento para fortalecer sus lazos ancestrales con la tierra, mantener viva su lengua, asistir a los rituales y conservar sus costumbres. Están expectantes del curso del conflicto en las comunidades, ya que del desenlace pende un futuro incierto, si se construye o no, será difícil de todas maneras, pase lo que
pase habrá que redefinir el rumbo de la comunidad.
_____________
VALPARAÍSO, FEBRERO DE 1999
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Crisis e identidad chilena



El carácter chileno en la crisis por pandemia


La viabilidad y dignidad de nuestro carácter individual y social son cuestiones que a mi juicio se juegan especialmente en momentos de crisis. 

¿Somos viables o dignos los chilenos o más bien estamos jodidos y nuestra idiosincrasia no sirve para resolver o salir  de las crisis?

¿Qué dicen o connotan la experiencia, la literatura, los reportajes o los ensayos sobre este asunto? ¿Qué dice el público? Esa era la pregunta de don Francisco en los concursos del programa Sábados Gigantes, en TV13.

Tal vez se conoce o se intuye,  por sentido común,  que no existe una idiosincrasia única en una nación, que en sí misma es múltiple y diversa. 

Decir esto es una perogrullada, una evidencia de la razón o de la experiencia, equivalente a afirmar por simple observación que los seres humanos somos diferentes, únicos e irrepetibles, sin embargo, eso no impide que la ciencia y la filosofía, por ejemplo, procuren indagar y encontrar constantes, elementos semejantes, parecidos entre elementos distintivos u opuestos.

No obstante, observando con atención la historia y los acontecimientos de la intrahistoria sí es posible encontrar constantes, promedios, regularidades históricas que evidencian estilos de percepción,  pensamiento y conducta que podrían ser atribuibles a lo menos como hipótesis a una idiosincrasia común o socializada.

Al respecto, como testimonio personal, en tiempos de mis estudios de pregrado de Pedagogía en Castellano en la PUC (1970-1976), no solo me interesé en temas educativos o literarios, esencialmente, sino también en el teatro, la filosofía, la teología, ciencias políticas y la sociología.
Entonces el currículum flexible de  esa Universidad permitía tomar ramos optativos y facultativos, estos últimos en otras facultades. 

En ese contexto, me matriculé en un Seminario de Investigación dirigido por el Sociólogo Hernán Godoy U., autor de varios libros sobre el tema de de la cultura y el carácter chilenos. El objetivo de ese Seminario ofrecido por el Instituto de Sociología era la formación académica de un equipo de estudiantes de diferentes carreras que contribuyeran con la investigación en curso, y al mismo tiempo aprender sobre el asunto central, que era el carácter chileno. Posteriormente el profesor Godoy publicó un libro con ese mismo título. 

Esa inquietud por la variable idiosincrásica en la identidad cultural de una nación la he conservado, tanto en la investigación y reflexión personal, como en el énfasis en uno de los contenidos relevantes en mis clases de literatura en el programa de la asignatura de Castellano de Enseñanza Media. 

Hoy resalta este asunto en dos acontecimientos que dejan una huella indeleble en nuestras vidas, tal como lo fue el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), el Golpe Militar (1973-1989). En efecto,  otros acontecimientos generacionales actuales son el denominado estallido social de octubre de 2019, y la pandemia en proceso desde enero de 2020.

Pero no solamente estos sucesos están eclosionando en nuestra realidad individual y colectiva, con causas conocidas, sino que también están mostrando los modos de comportamiento de la gente, los estilos tanto en las protestas y manifestaciones, como en los modos de reaccionar frente a los llamados del gobierno a la unidad o a la obediencia civil. 

¿Qué podemos decir sobre esto? Bueno, son diversas interrogantes, pero una de ellas es si nuestra idiosincrasia es viable y digna  y por lo tanto permite la solución de los problemas y desafíos o más bien es un obstáculo y una lamentable carga que impide la solución pacífica de controversias o el control social de una pandemia?

Como sustrato de esta reflexión, refiero a textos que son síntesis  fundamentales del sociólogo Hernán Godoy, como por ejemplo: "Estructura Social de Chile", "El Carácter Chileno", "La Cultura Chilena", sino en este caso concreto a la siguiente selección del autor Jorge Larraín, referida al asunto en boga quizás desde tiempos de la Independencia de Chile: el necesario reconocimiento a la dignidad de las personas en la conformación de la identidad individual y social, y junto con ello y en consecuencia la generación de estilos de respuestas o reacciones positivas o negativas, activas o negligentes,  frente a la realidad vivida o percibida de injusticias sociales, los modos de presentación de demandas sociales en el marco de octubre 2019,  o últimamente desde marzo de 2020,  cómo se responde o actúa frente  a los llamados a la responsabilidad y obediencia civil en tiempos de pandemia como medio de control de la propagación. 

Actualmente, por ejemplo, han sido inoperantes los llamados de la autoridad al respeto mutuo, a la responsabilidad individual y colectiva, como medio de control de contagios. Se verifica por los medios de prensa que solo el 50% está acatando los llamados a la cuarentena y el confinamiento. 

Por supuesto, en este ensayo no nos referimos a causales evidentes para que la gente se vea obligada a salir a la calle y desafiar la suerte, como por ejemplo, las necesidades de trabajo, alimentación, etc., sino que marcamos inquietud e indagación por  las causales idiosincrásicas que podrían estar influyendo, sin importar el tipo de gobierno,  en la desobediencia civil masiva, el desorden y respuesta agresiva, la falta de respeto y desacato a la autoridad tanto en forma evidente como solapada, y finalmente la rebeldía incluso con riesgo de la vida,  que impide cualquier tipo de regulación o disciplina social por la vía de la voluntad sin coerción, sino solamente por los recursos a la fuerza represiva  mediante las FFAA y de Orden. 
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Identidad Chilena – Jorge Larraín – cap. 1 (…) 
En tercer lugar, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia de “otros” en un doble sentido. Los otros son aquellos cuyas opiniones acerca de nosotros internalizamos. Pero también son aquellos con respecto a los cuales el sí mismo se diferencia y adquiere su carácter distintivo y específico. 

El primer sentido significa que “nuestra autoimagen total implica nuestras relaciones con otras personas y su evaluación de nosotros”. El sujeto internaliza las expectativas o actitudes de los otros acerca de él o ella, y estas expectativas o actitudes de los otros se transforman en sus propias auto-expectativas. El sujeto se define en términos de cómo lo ven los otros. 

Sin embargo, sólo las evaluaciones de aquellos otros que son de algún modo significativos para el sujeto cuentan verdaderamente para la construcción y mantención de su autoimagen. Los padres son al comienzo los otros más significativos, pero más tarde, una gran variedad de “otros” empiezan a operar (amigos, parientes, pares, profesores, etc.). 

 Mead sostenía que en la relación con cada uno de estos “otros” se forma en una persona una variedad de sí mismos elementales (“somos una cosa para un hombre y otra cosa para otro”), pero que si se consideran los otros significativos en conjunto, se puede ver que se organizan en un “otro generalizado” en relación con el cual se forma un “sí mismo completo”. 

El otro generalizado, por lo tanto, está compuesto por la integración de las evaluaciones y expectativas de los otros significativos de una persona. De este modo la identidad socialmente construida de una persona, por ser fruto de una gran cantidad de relaciones sociales, es inmensamente compleja y variable, pero al mismo tiempo se supone capaz de integrar la multiplicidad de expectativas en un sí mismo total coherente y consistente en sus actividades y tendencias. 

 Por lo tanto, la identidad supone la existencia del grupo humano. Responde no tanto a la pregunta ¿quién soy yo? o ¿qué quisiera ser yo? como la pregunta: ¿quién soy yo a los ojos de los otros? o ¿qué me gustaría ser considerando el juicio que los otros significativos tienen de mí? Erikson expresa esta idea diciendo que en el proceso de identificación “el individuo se juzga a sí mismo a la luz de lo que percibe como la manera en que los otros lo juzgan a él”. 

Según Erikson, este aspecto de la identidad no ha sido bien entendido por el método tradicional psicoanalítico porque “no ha desarrollado los términos para conceptualizar el medio”. El medio social, que se expresa en alemán por el término Umwelt, no sólo nos rodea, sino que también está dentro de nosotros. En este sentido se podría decir que las identidades vienen de afuera en la medida que son la manera como los otros nos reconocen, pero vienen de adentro en la medida que nuestro autoreconocimiento es una función del reconocimiento de los otros que hemos internalizado. 

El autoreconocimiento que hace posible la identidad, de acuerdo a Honneth, toma tres formas: auto confianza, auto-respeto y autoestima. Pero el desarrollo de estas formas de relación con el sí mismo para cualquier individuo, depende fundamentalmente de haber experimentado el reconocimiento de otros, a quienes él también reconoce. En otras palabras, la construcción de la identidad es un proceso intersubjetivo de reconocimiento mutuo. La confianza en sí mismo surge en el niño en la medida en que la expresión de sus necesidades encuentra una respuesta positiva de amor y cuidado de parte de los otros a su cargo. 

De igual manera, el respeto de sí mismo de una persona depende de que otros respeten su dignidad humana y, por lo tanto, los derechos que acompañan esa dignidad. Por último, la autoestima puede existir sólo en la medida que los otros reconozcan el aporte de una persona como valioso. 

En suma, una identidad bien integrada depende de tres formas de reconocimiento: amor o preocupación por la persona, respeto a sus derechos y estima por su contribución. 

Simultáneamente, Honneth argumenta que hay 3 formas de falta de respeto concomitantes con las tres formas de reconocimiento que pueden contribuir a la creación de conflictos sociales y a una “lucha por el reconocimiento”, en sectores que están deprivados de esas formas de respeto. 

La primera forma de falta de respeto es el abuso físico o amenaza a la integridad física, que afecta la confianza en sí mismo. La segunda, es la exclusión estructural y sistemática de una persona de la posesión de ciertos derechos, lo que daña el respeto por sí mismo. La tercera, es la devaluación cultural de ciertos modos de vida o creencias y su consideración como inferiores o deficientes, lo que impide al sujeto atribuir valor social o estima a sus habilidades y aportes. 

La reacción emocional negativa que acompaña estas experiencias de falta de respeto (rabia, indignación) representa para Honneth la base motivacional de la lucha por el reconocimiento: “porque es sólo al reconquistar la posibilidad de una conducta activa que los individuos pueden deshacerse del estado de tensión emocional a que son sometidos como resultado de la humillación”.

Para Honneth, entonces, la experiencia de falta de respeto sería la fuente de las formas colectivas de resistencia y lucha social. Pero éstas no son un resultado automático de respuestas emocionales individuales. Sólo si existen los medios de articulación intersubjetivas de tales emociones en un movimiento social, nacerán formas colectivas de lucha. Honneth usa la distinción entre el “mí” y el “yo” propuesta por Mead para fundamentar la idea de una lucha por el reconocimiento. Mientras el “mí” refleja las expectativas e imágenes que los otros tienen de mí, el “yo” busca activamente un reconocimiento ampliado de mis derechos como parte de una comunidad ideal del futuro. 

Las personas siempre están luchando por expandir el rango de sus derechos, por el reconocimiento de esferas mayores de autonomía y respeto. 

Esta es la base del desarrollo de la sociedad, un proceso continuo en que las formas de reconocimiento se van ampliando tanto a nuevas formas de libertad como a nuevos grupos de personas. 

La identidad individual supone, por lo tanto, las expectativas grupales, pero no sólo en cuanto pasadas, sino también en cuanto posibilidades futuras. La importancia del pensamiento de Honneth y de su interpretación de Mead es que permite comprender a la identidad no como una construcción meramente pasiva sino como una verdadera interacción en la cual la identidad del sujeto se construye no sólo como una expresión del reconocimiento libre de los otros sino también como resultado de una lucha por ser reconocido por los otros. 

Esta lucha responde a la experiencia de falta de respeto que se vive como indignación o rabia y que el yo no acepta. Esa lucha, al menos en el caso de las dos últimas formas de reconocimiento de derechos y de estima social, tiene la potencialidad de ser colectiva en la medida que sus metas pueden generalizarse más allá de las intenciones individuales. En este punto se encuentran, por lo tanto, la identidad personal y la identidad colectiva. (…)

¿Es posible la educación de calidad en el contexto de la formación cultural chilena?



¿ES POSIBLE UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD?



RAK

septiembre de 2009


El interés y la reflexión acerca de la identidad cultural chilena han estado presentes en forma endémica en el panorama intelectual de nuestro país, tanto en los ambientes universitarios y escolares, como en los medios de comunicación social mediante columnas de opinión, reportajes y entrevistas. Uno de sus hitos es la celebración del primer centenario de la independencia, 1910; otro momento crucial es la celebración del bicentenario, el año 2010.

El ensayo, la narrativa, el teatro, la plástica, la música, entre otras formas, han sido los medios de expresión de esta sensibilidad de búsqueda del ser chileno que, además, no es un caso aislado en Hispanoamérica. Asimismo, puede observarse que dicha prospección acerca de nuestro ser nacional se ha realizado desde variadas perspectivas –desde la visión cristiana hasta la marxista-, respondiendo a la necesidad histórica y al imperativo ético de comprender y debatir en torno a la complejidad de los fenómenos políticos, sociales y económicos producidos en especial en estos últimos 30 años. En efecto, según el sociólogo Jorge Larraín: “Una de las constantes del pensamiento latinoamericano ha sido esta búsqueda permanente y apasionada de respuestas a la pregunta por la identidad, en parte por sus orígenes mestizos, y en parte por autoconsiderarse como permanentemente en crisis.”

En síntesis, de modo semejante a como ocurrió en las proximidades del centenario de la independencia de Chile, se visualiza hoy día la concomitancia de distintas manifestaciones académicas o artísticas interesadas en la revisión del sentido de la cultura chilena en el concierto hispanoamericano, por un lado, y por otro en su relación con E.E.U.U, Europa y Asia. Al respecto, advierte el sociólogo Hernán Godoy: “El tema del carácter nacional, su definición y crítica, corre a través de toda la historia intelectual de Chile, aflorando con más vigor cuando arrecian las crisis.”

A manera de ejemplo, refiero parte de esta abundante bibliografía acerca de la identidad chilena, en particular libros de más calado académico, tanto ensayos, como estudios provenientes del rigor metodológico de las ciencias sociales. En particular es preciso indicar los títulos en orden cronológico, ya que estas obras fueron muy significativas en la reflexión política ocasionada por la intervención militar (1973-1989. Incluso algunas de estos ensayos se sitúan en un futuro aún lejano en ese entonces, pero que ya está presente en el año del bicentenario.

Hernán Godoy: Estructura social de Chile. (1971) El carácter chileno. (1976)
Pablo Huneeus, et. al.: Chile 2010: Una utopía posible. (1976)
Sergio Villalobos: Para una meditación de la conquista. (1977)
Pablo Huneeus: Nuestra mentalidad económica. (1979)
Cristián Gazmuri: Testimonios de una crisis: Chile: 1900-1925. (1979)
Pablo Huneeus: La cultura huachaca. (1981)
Hernán Godoy: La cultura chilena. (1982)
Isabel Cruz de Amenábar: Arte y sociedad en Chile: 1550-1650. (1986)
Ricardo Krebs, et.al.: Chile en el ámbito de la cultura occidental. (1987)
Sergio Villalobos: Origen y ascenso de la burguesía chilena. (1987)
Bernardo Subercaseaux: Fin de siglo: la época de Balmaceda. (1988)
Sergio Villalobos: Portales: una falsificación histórica. (1989)


Si bien hoy subsiste la discusión acerca de la validez de las distintas percepciones acerca de la identidad nacional, el hecho concreto de la permanencia de este debate permite concluir que a lo menos este interés se relaciona con la indagación acerca de una intraimagen y de una exoimagen que posibilite la interacción con las demás nacionalidades desde una plataforma distintiva en el imaginario colectivo.

Por ejemplo, en el anverso positivo o activo se ha dicho que el carácter chileno presenta: voluntad y sobriedad, que se actualiza en la tradición democrática, ligada a la lucha por la justicia; estoicismo y tenacidad ante los desafíos; espíritu de empresa y abertura al mundo; afán de progreso, generosidad y hospitalidad, sentido del humor, patriotismo y calidez en las relaciones humanas. El reverso negativo o pasivo, tal vez proveniente de la fuerza modeladora de los grupos dominantes, del autoritarismo o del caudillaje institucionalizado, muestra un carácter chileno sobresocializado, es decir, inhibido, tímido, tendiente al mutismo y a la inseguridad. El historiador católico y conservador, Mario Góngora, ha reconocido lo siguiente: “La democracia chilena no ha prescindido, ni mucho menos, del otro polo del poder, el que hemos denominado monárquico presidencial y, lo que es más característico de la evolución desde 1920, le ha dado al cargo presidencial un contenido más fuerte de caudillaje.”

“El carácter patriarcal que conservó la sociedad chilena hasta avanzado el siglo XX –prosigue Hernán Godoy-, permitió un proceso de socialización intenso y continuo, bajo putas de relaciones paternalistas y autoritarias fuertemente legitimadas por patrones culturales irradiados por los grupos de referencia dominantes. (…) La sobreprotección institucional –de la familia, del Estado, de la Iglesia, de la educación, de los partidos políticos- refuerza el sindrome gris del carácter chileno, que se manifiesta en el conformismo y la politiquería, el afán burocrático, la falta de audacia, de espontaneidad y de perseverancia, la inhibición y la inseguridad, el criticismo y la frustración.”

Por otro lado, también ha estado presente en la discusión la inquietud acerca de si efectivamente existe una cultura o una identidad nacional. Al respecto, se ha hablado de la ambigüedad de una formación social chilena que tiene que debatirse como una parte de un conflicto más general. Mario Góngora percibió la situación de la siguiente manera en un ensayo que data en 1969: “Hablar de posibilidades de cultura en este momento parece totalmente ilusorio. El arcaico mundo hispanoamericano tiene que convivir forzosamente con una civilización tardía todavía prestigiosa, la occidental, y con una civilización colonial de inmenso poder, la norteamericana. (…) Hoy día nos encontramos ante un creciente abandono de los ideales de formación humanista y un predominio de las fuerzas mecánicas, del puro dinamismo técnico y económico, con todos sus subproductos ideológicos de justificación y glorificación. Los imperialismos imponen ciertamente tal sumisión, sobre todo el norteamericano, que influye más pedagógicamente hoy día en Hispanoamérica para conseguir la imitación de su forma de vida. Pero, además, desde dentro se encuentra con movimientos nacionalistas que ya no confían en el carácter nacional, sino que están motivados por parecidas tendencias a las que reinan en los países dominantes, y quieren solamente capturar el secreto de su poder.”

En la perspectiva de la racionalidad crítica precedente, la constatación de ciertos factores de invalidez y alienación cultural de Chile son constantes en los discursos acerca de esta voluble materia. Aparece como un desarraigo del yo y la dominación de éste por poderes exógenos y anónimos; extrañeza e incongruencia entre lo exterior y lo interior, carencia de sincronización y de sintonía, zona enclaustrada que se esguinza y deviene un mundo grotesco y deforme. Tomás Lefever, por ejemplo, explicita como rasgo concéntrico del arte chileno su imposibilidad de expandirse con estilo inconfundible, porque “su sustancia parece estar amasada con los ingredientes del exilio anímico y de una permanente nostalgia por valores socioculturales mayoritariamente europeos. (…) Chile aparece entre todos los países del bloque americano como el de características propias menos acusadas. (…) El chileno se manifiesta en general como un curioso ejemplar humano oriundo de Europa y transplantado a suelo americano. (…) el sujeto chileno arquetípico (…) parece vivir como desligado casi por completo de su paisaje nativo, el que por otra parte, apenas sí se proyecta en el campo de sus realizaciones personales.”


Tal vez, entonces, se podría hablar de la marginalidad de la formación cultural hispanoamericana. Leopoldo Zea afirma que: El interés por indagar en la originalidad de la cultura en América “es así una preocupación que tiene su origen en un afán de reconocimiento: el que puede otorgarle la cultura occidental al quehacer americano.” En la época de emancipación americana –indica Zea- hubo dos tendencias: una fue la que propuso la adopción del espíritu de originalidad europeo; otros, la simple adopción de los frutos de esa cultura. Imitación extralógica que acabará fracasando. Este remedo se verá en sistemas políticos, constituciones, legislaciones, orden social, estilos artísticos, sistemas filosóficos. Así, por lo tanto: “La resistencia de la realidad americana a someterse a formas que no tienen su origen en ese espíritu de originalidad e independencia será vista bajo signos negativos, con los signos de inferioridad con los que el mundo occidental ha caracterizado a los pueblos primitivos, razas inferiores o naturalezas inmaduras. (…) Es en estos americanos –apunta Zea- en los que se hará patente la idea de estar fuera de la cultura, fuera de la historia, fuera de lo humano.”

Dicho sentimiento de marginalidad con respecto a los núcleos culturales, Europa y EE.UU, produce en diversos sectores sociales lo que se podría describir subjetivamente como escisión y degradación de la personalidad básica. Por un lado, se intenta reivindicar la cultura chilena mediante una retórica nacionalista, ya sea burguesa-militar-racial o bien popular criollista o indigenista, pero por otro lado, en el reverso, se practica en virtud de la idealización utópica de los poderes foráneos, mediante el efecto de la comparación. Esto deviene en una intraimagen deprimida de los rasgos propios, tanto de raíz hispánica como los elementos mestizos, y por cierto en relación a la supermarginalidad de los pueblos originarios. La cultura del cono sur de América, sería impotente a no ser que se asimile la conducta o política que en esos otros distantes ha demostrado efectos exitosos para el desarrollo. Actualmente ha surgido el modelo asiático en las descripciones laudatorias de la mentalidad de libre mercado. No se propugna legítima interculturalidad, sino urgente asimilación.

Desde el punto de vista de la pedagogía social, según un paradigma etnocéntrico y asimilacionista, se pretende de manera perversa que países en vías de desarrollo, con características culturales diversas, aprendan y se asimilen rápidamente e imiten a los centros de poder, obteniendo así buenos resultados en la evaluación sumativa. No obstante, como los efectos en rendimiento son esquivos –en especial si se ha competido en inferioridad de condiciones y oportunidades- sobrevienen los sentimientos de nostalgia, insatisfacción y rechazo, no sólo al modelo importado, o al caudillo que lo fomenta, sino también una creciente desconfianza y un ostensible desprecio por las propias capacidades. Sin embargo, persiste la impostura de la dependencia o subordinación de quien, en último término, aspira a parecerse o a subsumirse en el ser del patronazgo, que detenta los parámetros de la legitimidad y del liderazgo en virtud de sus logros reales o aparentes.

En consecuencia, hablar de América Latina tal vez es hablar desde la marginalidad, por una parte, con respecto a los centros consagrados del poder económico y político, y por otra parte, con respecto a las aspiraciones de interculturalidad, es decir, de legitimación y de igualdad o paridad en la interacción.

La interculturalidad –dice Jesús Aparicio- es una corriente de pensamiento que se encarga de la interacción en un mismo espacio y tiempo de culturas heterogéneas, lo cual genera conflictos, que pueden abordarse a través de la educación intercultural. Este es un modelo educativo que propicia el enriquecimiento cultural de los ciudadanos, partiendo del reconocimiento y respeto a la diversidad, a través del intercambio, el diálogo y la convivencia, en la participación activa y crítica para el desarrollo de una sociedad democrática basada en la igualdad, la tolerancia y la solidaridad. Esta concepción conlleva la aceptación del paradigma crítico o de mestizaje cultural, que persigue el enriquecimiento de todos los individuos de las diferentes sociedades y culturas que conviven al mismo tiempo en espacios comunes, a través del conocimiento crítico y la asunción de las diferentes aportaciones que cada cultura realiza al acervo cultural común. En ningún momento pretende ser una amenaza a la propia identidad cultural.

Por cierto, este concepto y la práctica social que conlleva y que promueve es un gran avance si se compara con los sujetos sociales que han interactuado conflictivamente en Hispanoamérica, observando esto mediante una mirada retrospectiva. Por ejemplo, el sociólogo Pablo Hunneus analiza la cultura de masas (huachaca) en Chile y da cuenta de que al arribar el fenómeno televisivo, en la década de 1960, éste se encuentra con dos culturas en pugna: la occidental y la popular americana. Se señalan tres características de la cultura latinoamericana: presencia de la cultura occidental (racionalidad técnica y urbana), junto con la sobrevivencia de una cultura popular con otros marcos de referencia, producto de culturas ya existentes. Se observa entonces un proceso de transculturación, en el cual estas dos fuerzas van contaminándose. Prosigue describiendo el contexto social en el cual se origina lo que el autor denomina huachaca: la migración del campo a la ciudad y el proceso de urbanización, con lo cual se abandona el pueblo interior a su suerte y desidia; insuficiencia de la campaña civilizadora con un insuficiente acceso a la alta cultura, produciéndose un las capas medias de la sociedad intentos sucedáneos de ser más por la vía del consumo, por lo tanto, la TV irrumpe y se instala en un ambiente sin identidad social ni cultural, pero con deseos de integrarse a la modernidad importada. El dios huachaca es en consecuencia el producto que se consume: tanto el bien de consumo en sí mismo o su imagen mediante el programa de TV. Por otro lado, el autor afirma que en ese entorno la TV menosprecia la vida del campo, desarraigando al campesino mediante ofertas de modelos urbanos idealizados.

También este mundo urbano tiene su propia historia. Así lo describe el historiador Sergio Villalobos, indicando que en el proceso de la conquista de Chile la ciudad se organizó socialmente desde la plaza (capitanes) hasta la periferia (indios y mestizos). En ese contexto, el vecino era el tipo social clave que recibía un solar y tierra de cultivo y algunas encomiendas de indios, ya que el español “no había venido en busca de un campo para su esfuerzo y trabajo productor, sino que deseaba una posición señorial con vasallos que laboraran para él.” En estos lugares, pese a las disposiciones, los indios estaban condenados a una esclavitud y sufrimientos inhumanos. Simultáneamente a la explotación de los lavaderos de oro, se realiza una economía agrícola de subsistencia y un creciente trueque entre indígenas y españoles. Estas necesidades dieron lugar a un creciente mestizaje, acompañado con la reducción de la población aborigen, debido a la explotación y a las enfermedades. En suma, la conquista fue la imposición de una cultura dominante. Tal vez sólo la evangelización obró como amortiguador y lubricante del trabajo incesante de la maquinaria de explotación, en la perspectiva de entonces, centrada en el concepto de asimilación del dominado por parte del dominador.

Los ejemplos de dominación son abundantes en la historia de Chile, tanto desde la matriz europea que sostiene a la aristocracia y a la burguesía desde el siglo XIX en cuanto a su propia alienación de su origen europeo (España, Francia, Inglaterra, Alemania, Croacia, entre otros países que generaron inmigración en América, en especial durante la 2ª mitad del siglo XIX y la 1ª mitad del siglo XX), como a los comportamientos segregacionistas hacia las etnias americanas, por ejemplo los mapuche del sur de Chile, que es el caso emblemático en esta coyuntura política. Asimismo, también se observó segregación desde los ya instalados inmigrantes europeos hacia los árabes (palestinos, sirios) y asiáticos (chinos, coreanos) y en el presente cercano hacia la inmigración desde Perú y afroamericana (Colombia, Haití).

A modo de ilustración de esta mentalidad oligárquica dominante en la estratificación social, se puede reconocer el siguiente fenómeno recurrente en la historia chilena, y el influjo que esto produce en las conductas en la vida cotidiana y en las políticas educativas liberales hasta el día de hoy. “La alianza de sangre entre la vieja aristocracia agraria –dice el sociólogo Hernán Godoy- y los enriquecidos descendientes de los inmigrantes europeos, le dio una nueva fisonomía a la élite dirigente. La tradicional estirpe de los Errázuriz, Larraín, Urmeneta y Balmaceda unió su apellido a los Edwards, Subercaseaux, Cousiño y Lyon. Los vástagos con savia nordeuropea se injertaron en el antiguo tronco de las familias castellanas y vascas. (…) Mientras en la base social los obreros tenían que convivir con la tuberculosis, los bajos salarios y la cesantía, el boyante esplendor de la aristocracia producía mansiones y parques de ensueño. (…) En la construcción privada, la imitación prefirió los estilos neogótico, Tudor, pompeyano y arábigo. (…) El distanciamiento de las clases sociales encontró una expresión concreta en la arquitectura. En un extremo estaban las suntuosas mansiones y parques de la alta burguesía; en el otro, los improvisados, colectivos y paupérrimos barrios obreros. Entre ambos, se situaban las viviendas funcionales de la clase media. (…) En busca de profesores y de orientación educativa, Chile volvió los ojos hacia la triunfante Alemania de Bismark. (…) Los pedagogos alemanes estaban en todas partes, desde las escuelas femeninas hasta los institutos armados, desde los liceos públicos hasta las revistas científicas. Pero no siempre eran bien recibidos por sus alumnos. En protesta contra el autoritarismo germánico de su directora, un grupo de mujeres de la Escuela Normal de Preceptoras del Sur se quejaba en una carta al Ministro de Educación: “Trata de hacernos sentir como un delito nuestra condición de chilenas…Se esfuerza por hacernos sentir la gran diferencia entre una señorita alemana y una chilena araucana.”


En este marco general de alienación interna y externa se plantea hoy día el conflicto del Estado chileno con un pueblo originario, el mapuche, que por tradición histórica ha sido indócil a la dominación, si bien en la práctica ha tenido que sobrevivir enajenando sus territorios ancestrales y su lengua y sus tradiciones. No es el objetivo de este breve trabajo describir la realidad actual de dicha cultura indígena, con la que se encontraron conflictivamente españoles y luego criollos chilenos, pero sí podría ser de utilidad plantearse e interrogarse acerca de cómo funciona en la acción el concepto de interculturalidad en este contexto extremo.


¿Existe una identidad cultural, como contexto de una educación de calidad?

En los ensayos chilenos acerca de la identidad, más bien centrados en la búsqueda de una esencia tradicional, suele diagnosticarse una intraimagen del carácter nacional, cuyo conflicto principal se observa entre sus rasgos activos: voluntad de hacer y de ser, y los rasgos pasivos: sobresocialización, imitación. No obstante, ha sido evidente en el recorrido sobre la intraimagen del chileno, que frecuentemente se han adoptado objetivos y modelos de desarrollo foráneos, que para imponerse por la vía autoritaria y/o democrática, tienen que luchar con necesidades, intereses, capacidades y valores autóctonos y enraizados en un mestizaje cultural propio. El efecto histórico de este conflicto es la dominación y el sometimiento, con el mando y la complicidad de las castas superiores en la estrategia para conseguir la sumisión. En efecto, la clase social dueña del capital nacional multiplica sus dividendos en su alianza con el capital transnacional a costa del ejercicio dominador sobre el resto de las clases sociales existentes en el territorio, incluidos los pueblos originarios, que desde el punto de vista social en su mayoría componen la parte baja de la estratificación.

Ahora bien, ¿por qué deberíamos interesarnos y ocuparnos en las reivindicaciones de los pueblos originarios o de su educación, respetando su cultura? Incluso, alguien podría argumentar acerca de que son las diversas etnias las llamadas a ocuparse de sus propios asuntos. ¿Por qué entonces el blanco chileno de origen europeo o el mestizo debería destinar su tiempo, brindándole espacio en la geografía y en la historia del siglo XXI a estas culturas ancestrales, rezagadas con respecto al progreso tecnológico y que mantienen costumbres propias de tribus recolectoras de una etapa ya superada por la humanidad? ¿Cuál podría ser la razón de fondo para interesarse en la preservación de una cultura arcaica? ¿Qué sentido tiene y cómo trabajar de manera problematizadora o crítica la identidad cultural desde la educación intercultural en Chile?

Tal vez la contradicción mencionada podrá resolverse a favor de los rasgos activos y productivos del carácter chileno, sólo si desde la formación inicial se desarrolla la capacidad de amar fraternalmente a todos los seres que habitamos el espacio y la historia hispanoindoamericana. Esto significa que tanto los contenidos programáticos, los métodos y los valores (actitudes) deben ser coherentes con dicha finalidad educativa.

Por ejemplo, tanto los objetivos verticales como los transversales deben estar permeados de interculturalidad, es decir, los énfasis educacionales deben apuntar en esa dirección. Los contenidos eurocéntricos deben reducirse, cediendo espacio al estudio serio de las culturas de los pueblos originarios, como es el caso de la asignatura de Historia y Geografía, entre otras, con el propósito de hacer visible y reconocido este pueblo que comprende el 8% de la población que habita el territorio chileno, cerca de 1.000.000 de personas.

¿A qué se refiere el amor fraterno, contenido esencial de la educación? El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos, lo cual implica responsabilidad. Asimismo, respeto aceptando al otro diverso tal cual es, preocupándose de que crezca y se desarrolle según su propia identidad en proceso de construcción crítica. Por cierto, conlleva el conocimiento, recuperando y actualizando la legitimidad del otro en su desarrollo comunitario. Este proceso educativo centrado en el amor fraterno se actualiza permitiendo la superación de la dependencia, de la omnipotencia narcisista y del deseo de explotar a los demás o de acumular. En este sentido, entonces, la preocupación, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento son la expresión concreta del amor –no a entes abstractos, simbólicos e idealizados en una supuesta esencia inmutable de acuerdo con la ideología dominante- sino que a seres concretos, personas, que habitan y trabajan en un territorio concreto y en una cultura en acción, influidos por ciertas coordenadas idiosincrásicas en proceso.

El marco conceptual se relaciona en síntesis con el siguiente aserto: “La identidad cultural de cada pueblo no es una cosa que se posee, sino más bien una experiencia de ser y actuar que descubre que, perteneciendo a lo más único e irrepetible de nuestras formas lingüísticas, religiosas, geográficas o históricas, pertenecemos a una verdad más grande que unifica el destino de todos los pueblos.”

El trasfondo de heterogeneidad y alteridad de ese concepto de identidad, supera el concepto anterior centrado en la idea de homogeneidad de origen racial, de naturaleza y de destino implícito en los nacionalismos burgueses excluyentes y beligerantes, presentes en la historia de Chile desde los tiempos de la conquista y de la colonia.

Hoy, en cambio, se trata de educarnos recíprocamente mediante un concepto de identidad afincado en lo múltiple y en la aceptación de lo diverso. Es necesaria la inclusión, en el currículum escolar y social, de la convicción en la praxis de que lo diverso no es adverso, de lo contrario se tenderá a reproducir en la escuela las hostilidades que hoy es urgente resolver para encaminarse hacia la paz.

En este caso, en el marco de la escuela la paz no es sólo una utopía, sino que es una necesidad primaria, es un medio y un fin, no sólo en la convivencia escolar, sino que en la construcción crítica del curriculum con la participación de todos los agentes implicados en el proceso, es decir, la escuela se constituye como un modelo de sociedad intercultural cuando es capaz de aprender construyendo su dinámica cultural mediante la participación de la comunidad. En otras, difícilmente la escuela podrá reconocer la legitimidad de otras culturas, por ejemplo, otras escuelas, ni menos la validez de otros pueblos en el contexto de la diversidad del país, si no es capaz de actuar de manera democrática en la gestación y en la concreción de sus proyecto educativo y de su proyecto curricular, atendiendo a la diversidad.

¿La actual reforma educacional potencia o impide la interculturalidad? ¿Es posible innovar en el currículum de tal manera que se avance en la diversidad desde la tolerancia hasta la interrelación de personas? ¿Qué ha venido ocurriendo con el espacio de reflexión generado por la reforma educacional chilena? ¿En este lapso de casi 30 años de lenguaje reformista, hemos logrado tolerancia y crecimiento en diversidad o más bien subsiste una sociedad estratificada y compartimentada?


jueves, 4 de febrero de 2010

Malsines, sicofantes, sapos y chivatos.












La referencia a este contenido se vincula con una institución chilena que recorre transversalmente la sociedad alta, media y baja. Se denomina pelambre, cuento, cahuin, cuya función es el perjuicio ajeno y el beneficio propio, o a lo menos lograr indisponer, abaratando la imagen del prójimo frente a la mirada ajena, dentro o fuera de la familia. 

Estos usos y costumbres del informante o cuentero, sapo, sicofante, soplón, le traen dividendos tangibles o intangibles, pero su verbo y su gesto arrasan de manera sibilina tanto a personas como instituciones. 

Es posible observar esa conducta desde grandes personajes eclesiásticos, educadores connotados, militares y civiles, hasta el pícaro ladronzuelo de poca monta, pasando por dueñas de casa, señoras y señoritas de toda índole, niños, adolescentes, adultos y ancianos. Nadie se libra de ser narrador de erróneas y deshonrosas experiencias ajenas ni tampoco de ser víctima de un relato en que el relatante desprestigia a su personaje principal.

Es una costumbre lamentable que a los chilenos nos tiene fregados, impide el desarrollo honesto, bloquea a las personas en sus metas y estrategias, pone obstáculos e impedimentos imaginarios, destruye alternativas y posibilidades de desarrollo. Hoy incluso ya se ha sumado al lenguaje técnico de la mala convivencia escolar y profesional y se habla de bullyng y mobbing, es decir, acoso escolar y laboral. 

¿Cuál es el origen de esa mala costumbre?

Quizás el siguiente texto contribuye a ilustrar o por lo menos a indagar el momento crucial en que en la historia de España aparece ese tipo de personaje que con el descubrimiento de América se viene y se trae en sus cofres y faltriqueras tanto las malas intenciones y las pésimas palabras, como la viruela y otras pestes que exterminaron a los indígenas, y aún impactan en la idiosincrasia nacional. 


Soliloquio sobre la inquisición y los moriscos 

Por Julio Caro Baroja 
Historiador y antropólogo


El «malsín»
En el seiscientos, se ha creado una Moral. Sí, pero una Moral Pública. Ojo con la distinción. Se ha creado toda una estimativa o Axiología que se impone a la sociedad. ¿Qué hará el historiador, el observador lejano en el Tiempo, ante ella, si quiere aplicar a su estudio criterios de Moral evangélica o socrática, o filosófica, en general? Confundirse y confundir si no deslinda los campos. 

Voy a deslindarlos antes de seguir adelante. Personalmente, como individuo hijo de mi medio y de mi tiempo, tengo una aversión total por la vida pública. Pienso con frecuencia que la Política es el raro arte de hacerlo todo mal, cuando de vez en cuando hay ocasiones de hacer las cosas bien o regular. Una de las formas que los políticos tienen de malbaratarlo todo es la de prolongar lo que debía de ser corto y rápido, convirtiéndolo en largo y pesado. 

La Inquisición española -dicen algunos--, fue un instrumento creado al calor de los acontecimientos y en vistas a una situación político-religiosa dada. Será esto verdad, pero el prolongar su existencia hasta el siglo XIX es un hecho que indica una ligereza mastodóntica por parte de los hombres de gobierno. Ilusión loca de inmovilismo y expedientes pobres para mantener el «orden». Pero esta ilusión tenía muchos adeptos en tiempos antiguos y aún la tiene en éstos, para mí desdichados, en que vivimos.

Dejo pues la Moral individual, mi Moral, a un lado y sigo con el análisis de la situación creada, desde el punto de vista de los valores políticos y religiosos colectivos. Durante los primeros años de su funcionamiento, la Inquisición española se ocupó de modo preferente en fiscalizar y controlar la vida religiosa de los judíos bautizados y de sus descendientes. 

Todo: el tinglado administrativo que se montó con este fin peculiar, se aplicó también a otros fines, como el de reprimir las infiltraciones luteranas en la primera mitad del XVI, más tarde las calvinistas, en castigar incrédulos, blasfemos, escandalosos, hechiceros y hechiceras de distintas castas y pelajes, brujos y brujas. En nombre del bien común y de la «Unidad». «Au service de I'ordre», como podría estar Mr. Paul Bourget a comienzos de este siglo dentro de estructura política muy distinta.

El señor Inquisidor, allí donde funcionaba su Tribunal, actuó e hizo actuar a la gente produciendo, mecánicamente casi, un tipo de persona que se da en distintas sociedades y que cobra perfiles muy acusados en la que nos ocupa: este tipo es el del malsín, el malévolo denunciador secreto, el soplón o chivato, como ahora se dice. «Malsín -vuelvo a Covarrubias- es el que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio interés». 

Malsines hubo en los estados medievales. Los malsines desempeñan siempre un gran papel en tiempos de Despotismo y de Terror, en que los conceptos de «delito» y «justicia» andan como Dios quiere. 

Mas para operar fríamente en términos históricos, dejemos a un lado a los chivatos modernos y a los malsines de hace cuatrocientos o más años. Recordemos a los sicofantes mencionados al principio. El ejercer de sicofante en Grecia no es en origen algo reprobable. Acusar públicamente a los criminales y delincuentes era un deber.
¿Pero quiénes eran los criminales y delincuentes? He aquí el quid. 

Pronto se dieron abusos y la «delatoria curiositas» de unos se unió a la maldad interesada de otros para atacar a gente distinguida y por lo tanto, envidiada. Desde el siglo V a. de C. el sicofante es un ser del que se habla con desprecio. Más tarde en Roma, en épocas de tiranía de algunos emperadores o de anarquía militar, el malsinar estuvo a la orden del día. Siempre ante una «justicia» y un «orden» con unas figuras de delito también. Pero, vuelvo a mi tema, ¿qué tienen que ver este orden y esta justicia con la Moral individual? Son casi siempre productos contrarios a ella.

La Inquisición española acaso usó de los malsines en forma más recatada que los tribunales griegos y romanos. Fueron sin embargo la obsesión de los judaizantes. 

Simmel, en un pasaje de su Sociología, alude tomándolo de alguna tradición judaica, a los llamados «garduños» ¿Pero en qué modo los moriscos fueron objeto del interés de los inquisidores y de denuncias de malsines y otras gentes? De un modo particular y diferente a como fueron vigilados y perseguidos los conversos de judíos y judaizantes o a como se controlaban los dichos y hechos de los cristianos viejos «descarriados».

Se arranca siempre al juzgarlos de la inferioridad no sólo cultural sino también psíquíca de los del grupo en bloque, en contraste con la excelencia que se atribuye al cristiano viejo desde el punto de vista intelectual.

Manipulaciones
El morisco bautizado aparece casi siempre como un hombre imposible de catequizar, de cristianizar, espiritualmente hablando, hágase lo que se haga. Así lo presentan todos los autores «antimoriscos» en el momento de mayor pasión y varios teólogos y consultores del Santo Oficio. 

También otros textos, en apariencia más objetivos. Pero la realidad es que cuando una religión triunfa e impera, apoyada en un fuerte poder político, las posibilidades de resistirse a ella son menos fuertes de lo que se dice. Hay gente que adopta una postura acomodaticia. Los acomodaticios no son de hoy. Hay gente que se convierte de verdad, digan lo que digan los enemigos de su grupo o los que quedan reacios. 

Al tiempo de la guerra de Granada, durante el reinado de Felipe II, había en la ciudad bastantes hijos de moriscos que eran sacerdotes católicos y jesuitas, cristianos sinceros. En un ánimo sensible que se encontrara ante el dilema de escoger entre la religión secreta y la pública, la lucha podía ser terrible porque las calidades intrínsecas del Catolicismo del XVI podían arrastrarle.

De nada de esto se habla casi. El problema de la conciencia se plantea en términos de una tosquedad que raya en la brutalidad. Más aun, si cabe, cuando se trata de los conversos de judío que por pertenecer a un estamento con mayor cantidad de gentes sutiles podían dar formas más variadas de religiosidad. ¿Pero a qué meternos en honduras? El cristiano viejo, el converso de judío, el judío, el moro y el morisco son seres mondos y lirondos, cortados por patrón según la Estimativa referida, manipulada por burócratas y políticos.

El papel de los grandes literatos españoles de la época en torno a la estimación de los moriscos y a su expulsión, es de sumisión total al criterio gubernativo. No podría haber sido otro, pero hubiera sido mejor guardar silencio que demostrar complacencia en casos evidentes de violencia ordenancista y populachera a la par. Examinemos ahora un poco de cerca algunos documentos.


Los caprichos del poder


"Anatomía de la destructividad humana", Erich Fromm
siglo XXI editores


LOS CAPRICHOS DEL PODER: El caso de José Stalin

JOSÉ Stalin: caso clínico de sádico no sexual


Uno de los ejemplos históricos destacados de sadismo mental y físico fue Stalin. Su conducta es una descripción de libro de texto sobre el sadismo no sexual, así como las novelas de Sade lo son del sadismo sexual.
Fue él el primero en ordenar desde el comienzo de la revolución, que se torturara a los prisioneros políticos, medida que hasta el momento de dar él la orden había sido evitada por los revolucionarios rusos.
Con Stalin, los métodos de tortura empleados por la NKVD sobrepasaron en refinamiento y crueldad a todo cuanto hubiera podido ocurrírsele a la policía zarista.
A veces daba él personalmente órdenes acerca del género de tortura que debía aplicársele a un prisionero. Practicó principalmente el sadismo mental de lo que quiero dar algunos ejemplos.
Una forma particular gustaba a Stalin, y era asegurar a la gente que estaba a salvo para mandarla a detener al día siguiente o a los dos días.
Naturalmente la detención afectaba a la víctima tanto más gravemente cuanto más especialmente segura se había sentido; aparte de esto, Stalin gozaba del sádico placer de conocer el verdadero destino del individuo al mismo tiempo que le daba seguridades de su favor. ¿Qué mayor seguridad y poder sobre otra persona puede caber?

He aquí algunos ejemplos concretos comunicados por Medvedev:

Inmediatamente antes de la detención del héroe de la guerra civil D.F. Serdich, Stalin brindó por él en una recepción, indicando que bebían a la “hermandad”.
Unos días antes del aniquilamiento de Blücher, Stalin habló calurosamente de él en una reunión.
Una vez fue una delegación Armenia a ver a Stalin y éste se informó acerca del poeta Charents y dijo como no había que tocarlo, pero unos meses después Charents fue arrestado y muerto.
La esposa del segundo comisario Ordzhonikidze, A. Serebrovski, habló de una inesperada llamada telefónica de Stalin una noche de 1937. “He sabido que anda usted a pie –dijo Stalin- , eso no está bien. La gente podría pensar cosas indebidas. Le enviaré un coche si el suyo está en reparación.” Y a la mañana siguiente llegaba un coche al garaje del Kremlin para uso de la señora Serebrovski. Pero dos días después detenían a su marido en el mismo hospital donde estaba internado.

El famoso historiador y publicista I. Steklov, perturbado por tantas detenciones, telefoneó a Stalin para pedirle una cita “Cómo no, venga por acá” –dijo Stalin-. Y cuando se encontraron le dio seguridades: “¿Qué le pasa? El partido le conoce a usted y le tiene confianza; no tiene por qué preocuparse.” Steklov volvió con sus amigos y familia y en la misma noche la NKVD fue por él. Naturalmente, lo primero que se les ocurrió a sus amigos y familia fue apelar a Stalin, que parecía no saber lo que sucedía. Era mucho más natural creer en la ignorancia de Stalin que en una sutil perfidia.
En 1938 I. A. Akulov, que fue procurador de la URSS y después cercano al comité ejecutivo central, se cayó patinando y sufrió una conmoción casi mortal. Por indicaciones de Stalin se llamaron del extranjero cirujanos descollantes para salvar su vida. Después de larga y difícil convalecencia volvió Akulov a su trabajo, y entonces fue arrestado y fusilado.

Una forma particularmente refinada de sadismo fue la costumbre que tenía Stalin de detener a las esposas –y a veces a los hijos- de algunos de los más altos funcionarios soviéticos o del partido y retenerlos en un campo de trabajo, mientras los esposos tenían que hacer su trabajo y humillarse e inclinarse ante Stalin sin atreverse siquiera a pedir que los soltara. Así fueron detenidos por ejemplo, la esposa de Kalinin, el presidente de la Unión Soviética, en 1937, la esposa de Molotov y la esposa y el hijo de Otto Kuusinen, uno de los principales funcionarios del komintern, y todos estuvieron en campos de trabajo. Un testigo desconocido dice que en su presencia preguntó Stalin a Kuusinen por qué no trataba de lograr la libertad de su hijo: “es evidente que hubo graves razones para arrestarlo” –dijo Kuusinen. “Stalin sonrió y mandó poner en libertad a su hijo”. Kuusinen enviaba paquetes a su esposa al campo de trabajo, pero no directamente, sino por medio de su ama de llaves. Stalin tuvo detenida a la esposa de su secretario privado mientras éste seguía en su puesto.

No es necesaria mucha imaginación para comprender la humillación extrema de aquellos altos funcionarios que no podían abandonar su puesto, no podían pedir la libertad de su esposa o su hijo y tenían que aceptar con Stalin que el arresto estaba justificado. O esas personas no tenían corazón o estaban moralmente quebrantadas y habían perdido todo respeto de sí misma y toda dignidad. Un ejemplo contundente es la reacción de uno de los personajes más poderosos de la Unión Soviética, Lazar Kaganovich, a la detención de su hermano Mijail, ministro de la industria aeronáutica antes de la guerra.

Era un estalinista, responsable de la represión de mucha gente. Pero después de la guerra perdió el favor de Stalin. En consecuencia, algunos funcionarios detenidos, que se decía, habían organizado un “centro fascista”, dieron el nombre de Mijail Kaganovich como cómplice. Afirmaban como a todas luces sugerida ( y por demás absurda), que el (un judío) iba a ser el vicepresidente del gobierno fascista si los hitlerianos tomaban Moscú. Cuando Stalin tuvo conocimiento de estas disposiciones, que evidentemente esperaba, telefoneó a Lazar Kaganovich y le dijo que su hermano habría de ser arrestado por tener conexiones con los fascistas. “Bueno, ¿y qué? –dijo Lazar- Si es necesario arréstelo”. En una discusión del politburó sobre este asunto, Stalin ensalzó a Lazar Kaganovich por sus “principios”: había aceptado la detención de su hermano. Pero dijo después Stalin que no había que apresurarse. Mijail Kaganovich llevaba en el partido muchos años y habría que comprobar todas las deposiciones de nuevo. Así se dieron instrucciones a Mikoyan de disponer un careo entre Mijail y la persona que había declarado contra él. La confrontación se llevó a cabo en la oficina de Mikoyan. Se hizo entrar a un hombre que repitió su declaración en presencia de Kaganovich, y añadió que algunas fábricas de aviación se habían montado deliberadamente cerca de la frontera antes de la guerra para que los alemanes pudieran capturarlas más fácilmente. Cuando Mijail Kaganovich hubo escuchado la deposición, pidió permiso para ir a un pequeño WC que estaba junto a la oficina de Mikoyan. A los pocos segundos se oía un disparo.

Otra forma del sadismo de Stalin era que no podía predecirse su comportamiento. Hay casos de personas que el mandó arrestar, pero que después de ser torturadas y de sufrir graves sentencias fueron liberadas a los pocos meses o años y nombradas para altos puestos, con frecuencia sin explicación. Un ejemplo revelador es el comportamiento de Stalin para con su antiguo camarada Serguei Ivanovich Kavtaradze, que una vez lo había ayudado a ocultarse de los detectives de San Petersburgo. En los veintes , Kavtaradze se unió a la oposición trotskista y solamente la dejó cuando el centro trotskista mandó a decir a sus partidarios que cesaran la actividad profesional.
Después del asesinato de Kirov, Kavtaradze, desterrado a Kazan por ex trotskista, escribió a Stalin una carta diciéndole que no estaba trabajando contra el partido. Inmediatamente, Stalin levantó el destierro a Kavtaradze. Pronto publicaron muchos periódicos centrales un artículo de Kavtaradze en el que relataba un incidente de su labor clandestina con Stalin. A este le gustó el artículo, pero Kavtaradze no volvió a escribir sobre el tema. Ni siquiera volvió al partido, y vivió de una modesta labor editorial. A fines de 1936 fueron arrestados súbitamente él y su esposa, torturados y condenados a fusilamiento. Lo acusaban de planear, en unión con Budu Mdivani, el asesinato de Stalin. Poco después de la sentencia era fusilado Mdivani. Pero Kavtaradze estuvo en capilla mucho tiempo. Y de repente lo llevaron a la oficina de Beria, donde se encontró con su esposa, que había envejecido tanto al punto de ser irreconocible. Ambos fueron liberados. Primero vivió en un hotel, después consiguió 2 piezas en un departamento colectivo y se puso a trabajar. Stalin empezó a darle algunas muestras de su favor, lo invitó a comer y una vez le hizo una visita inopinada con Beria (esta visita causó gran conmoción en el colectivo. Una de las vecinas se desmayó, según dijo, al ver “la efigie del camarada Stalin” en el umbral). Cuando tenía a Kavtaradze de invitado, Stalin en persona le servía la sopa, hacía bromas y mencionaba recuerdos. Pero en una de aquellas comidas Stalin se acerco súbitamente a su huésped y le dijo: “Y todavía querías matarme” (naturalmente, dice Medvedev, Stalin sabía muy bien, que no había querido matarlo).


El comportamiento de Stalin en este caso muestra con particular claridad uno de los elementos de su carácter: el deseo de hacer ver a la gente que tenía poder absoluto sobre ellos. Con una palabra podía matarlos, hacer que los torturaran, salvarlos de nuevo, premiarlos; tenía un poder divino de vida y muerte, el poder de la naturaleza que desarrolla y aniquila, da dolor y cura. La vida y la muerte dependían de su capricho.

Notas provocativas: anversos, reversos, metaversos y multiversos.

MOVIMIENTOS, VARIACIONES Y DERIVADAS Algunos son hitos en la historia personal de mis lecturas o conversaciones, otras son hallazgos casuale...